Raúl Roa lo definió como pocos al decir: «Fidel siente la
hierba crecer y ve lo que está pasando al doblar de la esquina».
Pocos, poquísimos, se atrevían entonces a pensar que moriría pasados los noventa cumpleaños este visionario de la vida:
más de 200 intentos de asesinato hacen suponer ahora que aquel
«chaleco
moral» del que una vez hablara en broma iba muy en serio,
tanto como la buena estrella que le trajo al mundo, le alumbra el
camino, le guía los pasos.
Porque, muy a pesar de los pesares, ahí está Fidel. Aseguran
que tímido en el trato directo; cordial, terco como son los
justos y de mirada directa e inteligente.


