Justo a la hora
en que el imaginario popular cubano asegura que “mataron a Lola”, a las tres de
la tarde, el cementerio Vicente García, de esta ciudad, acogerá el descanso
eterno de los restos mortales de un apasionado.
Carpintero de profesión, figura alta y delgada, bailador de carnaval, bullanguero como pocos,
de ojos vivísimos y mirada intensa, de esas que se te cuelan hasta adentro como
si te abrieran el alma: así era Edilberto Agüero.
