Tengo un amigo homofóbico, joven periodista
apasionado, que nunca ha visto Fresa y Chocolate porque «es una película de
homosexuales y lo único que hace es darle espacio y voz a esa gente».
Sé del padecer del más
reciente viaje a La Habana de otro tunero, al que le tocó compartir asiento en la guagua con «un enfermo de esos» y se cambió al único sitio vacío (por
roto); llovió en el camino, el agua se
filtró y la gripe que sobrevino pudo acabar peor, aunque fue solo eso, una gripe: «pero primero muerto
que ocho horas de guagua al lado de un m…», me dijo.

